Si alguna vez te ha dolido la parte baja de la espalda, no estás solo. Es uno de los dolores más
comunes del mundo, y muchas veces tiene un culpable del que casi nadie habla: el músculo psoas.
Es habitual en adultos de Europa, Norteamérica y Australia, y puede limitar mucho las tareas del día a día: agacharte, caminar, trabajar o simplemente dormir bien.
7 de cada 10 personas tienen dolor lumbar al menos una vez en la vida
60-90% de probabilidad de sufrir un episodio agudo
30% acaba desarrollando un dolor crónico (más de 3 meses)
¿Qué es el psoas y dónde está?
El psoas es un músculo largo y potente que está en lo más profundo de tu cuerpo. Nace en las
vértebras de la espalda (desde la T12 hasta la L5), baja por delante de la pelvis y se une al muslo.
Por eso no lo ves ni lo tocas fácilmente.
Su trabajo principal es subir la rodilla hacia el pecho, es decir, flexionar la cadera, y también girarla hacia fuera. Además, ayuda a mantener bien colocada la zona lumbar, tanto cuando estás quieto como cuando te mueves.
Dibujo esquemático (vista lateral): el psoas sale de las vértebras y baja hasta el muslo.
¿Por qué puede dolerte la espalda por culpa del psoas?
Porque está pegado a tu columna. Si el psoas está débil, acortado o con exceso de tensión, tira de las vértebras lumbares y cambia la postura de tu espalda baja.
Los estudios han visto, además, que en muchas personas con hernia de disco el psoas del lado afectado es más pequeño de lo normal a la altura de la hernia. Junto a otros músculos de la espalda, como los paravertebrales y los multífidos, el psoas es uno de los sospechosos habituales en el dolor lumbar.
Y hay más: el psoas está rodeado de una especie de “funda” (la fascia) que lo conecta con órganos y músculos cercanos, como los riñones, que se deslizan sobre él. Por eso su estado puede notarse en más zonas de las que imaginas.
¿Qué molestias se relacionan con un psoas en mal estado?
Un psoas con problemas puede asociarse a:
- Dolor en la parte baja de la espalda y en la zona sacroilíaca.
- Hernias y protrusiones de disco en la zona lumbar.
- Escoliosis.
- Dolor de cadera o de rodilla sin una causa clara.
- Problemas menstruales y digestivos.
- Cambios en la postura de la pelvis y de la curva lumbar: espalda demasiado recta o demasiado arqueada, pelvis inclinada o una pierna que parece más corta o más larga.
También puede tener “puntos gatillo”, que son nudos muy sensibles y profundos que aparecen en distintas partes del músculo. Pueden dar dolor en la parte baja de la espalda, la cadera, el sacro, el glúteo o la parte delantera del muslo.
¿Por qué se estropea el psoas?
Las causas más comunes son tres:
- Una lesión.
- Malas posturas mantenidas durante mucho tiempo.
- El estrés.
También puede influir un desequilibrio en la pelvis, algo que a veces se nota con un dolor que se va por delante del muslo mientras molesta la zona media-baja de la espalda.
Sentado todo el día: el gran enemigo
La forma en que estás de pie, caminas o te sientas va moldeando tu psoas. Cuando pasas horas sentado, la cadera está doblada todo el tiempo y el psoas se queda acortado para que tu cuerpo mantenga el equilibrio en esa postura.
Con los meses, tu cuerpo lo normaliza: adoptas posturas para evitar el dolor y el psoas trabaja poco y mal. Si se deteriora, tira del tronco hacia delante a la altura de la ingle y te cuesta ponerte completamente erguido.
En resumen
El acortamiento del psoas puede tener un origen físico (postura, lesión), emocional (estrés) o, muy a menudo, una mezcla de ambos. Para tratarlo bien hay que valorarlo en conjunto y trabajar con un enfoque activo, no solo aliviar el síntoma.
Si llevas tiempo con dolor lumbar, o pasas muchas horas sentado y notas la espalda cargada, vale la pena que un fisioterapeuta revise tu psoas y tu postura antes de que el problema se haga crónico.


